Clarificación de Términos

CLARIFICACIÓN DE TÉRMINOS

Introducción

C-in.1 Este no es un curso de especulación filosófica, ni está interesado en una terminología precisa. Se orienta únicamente hacia la Expiación o corrección de la percepción. El medio de la Expiación es el perdón. La estructura de la "conciencia individual" es esencialmente irrelevante, puesto que es un concepto que representa el "error original" o "pecado original". Estudiar el error en si no conduce a la corrección, si es que en efecto quieres tener éxito en poder pasarlo por alto. Y es precisamente este proceso de pasar por alto lo que el curso se propone enseñar.

C-in.2. Todos los términos son potencialmente polémicos, y quienes buscan controversia la encontraran. Mas quienes buscan clarificación, también la encontraran. Deben estar dispuestos, no obstante, a ignorar la controversia, reconociendo que es una defensa contra la verdad que se manifiesta en forma de maniobras dilatorias. Los argumentos teológicos como tales son necesariamente polémicos, ya que dependen de creencias, y, por lo tanto, pueden ser aceptados o rechazados. Una teología universal es imposible, mientras que una experiencia universal no sólo es posible sino necesaria. Alcanzar esa experiencia es lo que el curso se propone. Sólo cuando esta se alcanza es posible la consistencia porque sólo entonces se acaba la incertidumbre.

C-in.3. Este curso opera dentro del marco de referencia del ego, pues ahí es donde se necesita. No se ocupa de lo que está más allá de todo error, ya que está planeado únicamente para fijar el rumbo en dirección a ello. Por lo tanto, se vale de palabras, las cuales son simbólicas y no pueden expresar lo que se encuentra más allá de todo símbolo. El ego es el único que pregunta, puesto que es el único que duda. El curso simplemente ofrece otra respuesta, una vez que se ha planteado una pregunta. Dicha respuesta, no obstante, no recurre a la inventiva o al ingenio. Esos son atributos del ego. El curso es simple. Tiene una sola función y una sola meta. Sólo en eso es totalmente consistente, pues sólo eso puede ser consistente.

C-in.4. El ego exigirá muchas respuestas que este curso no provee. El curso no reconoce como preguntas aquellas que sólo tienen la apariencia de preguntas, pero que son imposibles de contestar. El ego puede preguntar: "?Cómo sucedió lo imposible?", "?A que le ocurrió lo imposible?", y lo puede preguntar de muchas maneras. Mas no hay una respuesta para ello; sólo una experiencia. Busca sólo esta y no permitas que la teología te retrase.

C-in.5. Notaras que el énfasis que el curso pone en las cuestiones estructurales es muy breve y sólo tiene lugar al principio. Dicho énfasis desaparece muy pronto para dar paso a la enseñanza central. Sin embargo, puesto que has pedido aclaraciones, a continuación se ofrecen unas cuantas para algunos de los términos utilizados.




1. MENTE - ESPÍRITU


C-1.1 El termino mente se utiliza para representar el principio activo del espíritu, el cual le suministra a este su energía creativa. Cuando el termino va con mayúscula, se refiere a Dios o a Cristo (es decir, a la Mente de Dios o a la Mente de Cristo). El espíritu es el Pensamiento de Dios que El creó semejante a Si Mismo. El espíritu unificado es el único Hijo de Dios, o Cristo.

C-1.2 En este mundo, puesto que la mente está dividida, los Hijos de Dios parecen estar separados. Sus mentes, asimismo, no parecen estar unidas. En ese estado ilusorio, el concepto de una "mente individual" parece tener sentido. En el curso, por lo tanto, se describe a la mente como si consistiera de dos partes: el espíritu y el ego.

C-1.3 El espíritu es la parte que aún se mantiene en contacto con Dios a través del Espíritu Santo, Quien, aunque mora en esa parte, también ve la otra. No se usa el término "alma" excepto en citas directas de la Biblia, por ser un término sumamente polémico. En cualquier caso, sería un equivalente de "espíritu", entendiéndose que, al formar parte del ámbito de Dios, es eterna y nunca nació.

C-1.4 La otra parte de la mente es completamente ilusoria y sólo teje ilusiones. El espíritu conserva su potencial creativo, pero su Voluntad, que es la de Dios, parecerá estar cautiva mientras la mente no este unificada. La creación continua imperturbable porque esa es la Voluntad de Dios. Dicha Voluntad esta siempre unificada, y, por lo tanto, no tiene significado en este mundo. No tiene grados ni opuestos.

C-1.5 La mente puede gozar de rectitud o estar errada, dependiendo de la voz que escuche. La mentalidad recta escucha al Espíritu Santo, perdona al mundo, y en su lugar ve el mundo real a través de la visión de Cristo. Esta es la visión final, la última percepción, la condición en la que Dios Mismo da el paso final. Ahí, al tiempo y a lo ilusorio les llega su fin.

C-1.6 La mentalidad errada escucha al ego y teje ilusiones; percibe el pecado, justifica la ira, y considera que la culpabilidad, la enfermedad y la muerte son reales. Tanto este mundo como el mundo real son ilusorios, pues la mentalidad recta simplemente pasa por alto -o perdona- lo que nunca ocurrió. Por lo tanto, la mentalidad recta no es la Mentalidad-Uno de la Mente de Cristo, Cuya Voluntad es una con la de Dios.

C-1.7 La única libertad que aún nos queda en este mundo es la libertad de elegir, y la elección es siempre entre dos alternativas o dos voces. La Voluntad no está involucrada en la percepción a ningún nivel, y no tiene nada que ver con el proceso de elegir. La conciencia es el mecanismo receptor, el cual recibe mensajes tanto del plano superior como del inferior, del Espíritu Santo o del ego. La conciencia tiene niveles y puede cambiar drásticamente de uno a otro, pero no puede transcender el dominio de lo perceptual. En su nivel más elevado, se vuelve consciente del mundo real, y puede ser entrenada para hacer eso cada vez con mayor frecuencia. Sin embargo, el hecho mismo de que tenga niveles y de que pueda ser entrenada demuestra que no puede alcanzar el conocimiento.




2. EL EGO - EL MILAGRO


C-2.1 Las ilusiones no perduraran. Su final es indudable y eso es lo único que es seguro en su mundo. Por eso es por lo que es el mundo del ego. ¿Qué es el ego? El ego no es más que un sueño de lo que en realidad eres. Un pensamiento de que estas separado de tu Creador y un deseo de ser lo que El no creó. El ego es un producto de la locura, no de la realidad. Es tan sólo un nombre para lo innombrable. Un símbolo de lo imposible; una elección de opciones que no existen. Le damos un nombre sólo para que nos ayude a entender que no es más que un pensamiento ancestral según el cual aquello que se ha inventado es inmortal. Más que podría proceder de ello, excepto un sueño que, al igual que todos los demás sueños, tan sólo puede terminar en la muerte?

C-2.2 ¿Que es el ego? El ego no es nada, pero se manifiesta de tal forma que parece ser algo. En un mundo de formas no se puede negar al ego, pues sólo el parece real. ¿Más podría el Hijo de Dios tal como su Padre lo creó morar en una forma o en un mundo de formas? Si alguien te pide que definas al ego y expliques cómo se originó, es porque cree que el ego es real e intenta, por definición, asegurarse de que su naturaleza ilusiva quede oculta tras las palabras que parecen otorgarle realidad.

C-2.3 Ninguna definición que se haya hecho de una mentira puede hacer que esta sea verdad. Ni tampoco puede haber una verdad que las mentiras puedan realmente ocultar. La irrealidad del ego no se niega con palabras, ni su significado se vuelve claro por el hecho de que su naturaleza parezca tener una forma. ¿Quién puede definir lo indefinible? Sin embargo, incluso para esto hay una respuesta.

C-2.4 No podemos formular realmente una definición de lo que es el ego, pero si podemos decir lo que no es. Y esto lo podemos ver con perfecta claridad. Basándonos en eso podemos deducir lo que es. Observa su opuesto y veras la única respuesta que tiene sentido.

C-2.5 A lo opuesto al ego, desde cualquier punto de vista origen, efectos y consecuencias le llamamos milagro. En el encontramos todo lo que no tiene que ver con el ego en este mundo. El milagro es lo opuesto al ego, y sólo en el podemos observar lo que era el ego, pues en el vemos lo que este aparentemente hacia; y la causa y sus efectos no pueden sino seguir siendo una misma cosa.

C-2.6 Donde antes había obscuridad, ahora vemos luz. ¿Qué es el ego? Lo que antes era la obscuridad. ¿Dónde está el ego? Donde antes estaba la obscuridad. ¿Qué es ahora y dónde puede encontrársele? No es nada y no se le puede encontrar en ninguna parte. Ahora la luz ha llegado, y su opuesto se ha ido sin dejar ni rastro. Donde antes había maldad, ahora hay santidad. ¿Qué es el ego? Lo que antes era la maldad. ¿Dónde está el ego? En una pesadilla que sólo parecía ser real mientras la estabas soñando. Donde antes había crucifixión ahora está el Hijo de Dios. ¿Qué es el ego? ¿Quién tiene necesidad de preguntar? ¿Dónde está el ego? ¿Quién necesita ir en busca de ilusiones ahora que los sueños han desaparecido?

C-2.7 ¿Que es un milagro? Un milagro es un sueño también. Pero si observas todos los aspectos de ese sueño, jamás volverás a dudar. Observa el bondadoso mundo que se extiende ante ti mientras caminas envuelto en mansedumbre. Observa a los ayudantes que encuentras a lo largo del camino que recorres, felices ante la certeza del Cielo y la garantía de paz. Y observa también, por un instante, lo que por fin dejaste atrás y finalmente pasaste de largo.

C-2.8 Esto es lo que era el ego: el odio cruel, la necesidad de venganza y los gritos de dolor, el miedo a la muerte y el deseo de matar, la ilusión de no tener hermanos, y el yo que parecía estar solo en el universo. El milagro corrige este terrible error con respecto a ti mismo con la misma dulzura con la que una madre amorosa adormece con su canto a su criatura. ¿No preferirías escuchar un canto así? ¿No contestaría ese canto todo lo que pensabas preguntar, haciendo incluso que la pregunta dejase de tener sentido?

C-2.9 Tus preguntas no tienen respuesta, ya que han sido planteadas para acallar la Voz de Dios, la Cual nos hace a todos una sola pregunta: "¿Estás listo ya para ayudarme a salvar el mundo?" Pregunta esto en vez de preguntar que es el ego, y veras un súbito resplandor envolver al mundo que el ego fabricó. Ahora no se le niega a nadie ningún milagro. El mundo se ha salvado de todo lo que tu pensabas que era. Y lo que es, ha sido siempre absolutamente puro y jamás ha sido condenado.

C-2.10 El milagro perdona; el ego condena. No se necesita ninguna otra definición para ninguno de ellos excepto esta. Mas ¿qué definición podría ser más cierta, o estar más a tono con lo que es la salvación? Con esto el problema y la respuesta se llevan uno al lado del otro, y al estar finalmente juntos, la elección es obvia. ¿Quién elegiría el infierno de reconocer que eso es lo que está eligiendo? ¿Y quién no seguiría adelante un poco más, cuando le ha sido dado comprender que el camino es corto y que el Cielo es su meta?



3. EL PERDÓN - LA FAZ DE CRISTO


C-3.1 El perdón es el medio que nos lleva a Dios y que nos permite alcanzarle, mas es algo ajeno a Él. Es imposible concebir que algo creado por Él pueda necesitar perdón. El perdón, entonces, es una ilusión, pero debido a su propósito, que es el del Espíritu Santo, hay algo en ella que hace que sea diferente. A diferencia de las demás ilusiones, nos aleja del error en vez de acercarnos a él.

C-3.2 Al perdón podría considerársele una clase de ficción feliz: una manera en la que los que no saben pueden salvar la brecha entre su percepción y la verdad. No pueden pasar directamente de la percepción al conocimiento porque no creen que esa sea su voluntad. Esto hace que Dios parezca ser un enemigo en lugar de lo que realmente es. Y es precisamente esta percepción demente la que hace que no estén dispuestos a simplemente ascender y retornar a Él en paz.

C-3.3 Y de este modo, necesitan una ilusión de ayuda porque se encuentran desvalidos; un Pensamiento de paz porque están en conflicto. Dios sabe lo que Su Hijo necesita antes de que él se lo pida. Dios no se ocupa en absoluto de la forma, pero al haber otorgado el contenido, Su Voluntad es que se comprenda. Y eso basta. Las formas se adaptan a las necesidades, pero el contenido es inmutable, tan eterno como su Creador.

C-3.4 Antes de que el recuerdo de Dios pueda retornar es necesario ver la faz de Cristo. La razón es obvia. Para ver la faz de Cristo se requiere percepción. El conocimiento no es algo que se pueda ver. Pero la faz de Cristo es el gran símbolo del perdón. Es la salvación. Es el símbolo del mundo real. El que la ve, deja de ver el mundo. Esta tan cerca ya del umbral del Cielo cómo es posible estar mientras aun este afuera. Mas desde ahí, un paso más basta para entrar. Es el paso final. Y ese se lo dejamos a Dios.

C-3.5 El perdón es un símbolo también, pero en cuanto que símbolo exclusivo de la Voluntad del Padre, no puede ser dividido. Y así, la Unidad que refleja se convierte en Su Voluntad. Es lo único que aún está en el mundo en parte, y que, al mismo tiempo es el puente que conduce al Cielo.

C-3.6 La Voluntad de Dios es lo único que existe. Lo único que podemos hacer es pasar de la nada al todo; del infierno al Cielo. ¿Es esto una jornada? No, en verdad no lo es, pues la verdad no va a ninguna parte. Pero las ilusiones cambian según el lugar o la época. El paso final no es más que otro cambio. Por ser una percepción, es en parte irreal. Sin embargo, esa parte desaparecerá. Lo que entonces quedara será la paz eterna y la Voluntad de Dios.

C-3.7 Ahora ya no hay deseos, pues los deseos cambian. Incluso lo que una vez se deseó puede volverse indeseable. Esto es así porque el ego jamás puede estar en paz. Pero la Voluntad es constante, por ser el don de Dios. Y lo que El da es siempre como El Mismo. Este es el propósito de la faz de Cristo. Es el regalo de Dios para la salvación de Su Hijo. Contempla únicamente esto y abras sido perdonado.

C-3.8 ¡Cuan hermoso se vuelve el mundo en ese instante en el que ves la verdad acerca de ti mismo reflejada en el! Ahora estas libre de pecado y contemplas tu impecabilidad. Ahora eres santo y así lo percibes. Y ahora la mente retorna a su Creador: la unión de Padre e Hijo; la Unidad de unidades que se encuentra detrás de toda unión, aunque más allá de todas ellas. No se ve a Dios, sino que únicamente se le comprende. No se ataca a Su Hijo, sino que se le reconoce.




4. LA PERCEPCIÓN VERDADERA - EL CONOCIMIENTO


C-4.1. El mundo que ves no es más que la ilusión de un mundo. Dios no lo creó, pues lo que El crea tiene que ser tan eterno como El. En el mundo que ves, no obstante, no hay nada que haya de perdurar para siempre. Algunas cosas duraran en el tiempo algo más que otras. Pero llegara el momento en el que a todo lo visible le llegue su fin.

C-4.2. Los ojos del cuerpo no son, por lo tanto, el medio a través del cual se puede ver el mundo real, pues las ilusiones que contemplan sólo pueden conducir a mas ilusiones de la realidad. Y eso es lo que hacen. Pues todo lo que los ojos del cuerpo ven, no sólo no ha de durar, sino que además se presta a que se tengan pensamientos de pecado y culpabilidad. Todo lo que Dios creó, por otra parte, está por siempre libre de pecado y, por ende, por siempre libre de culpabilidad.

C-4.3. El conocimiento no es el remedio para la percepción falsa, puesto que al proceder de distintos niveles, jamás pueden encontrarse. La única corrección posible para la percepción falsa es la percepción verdadera. Esta no perdurara. Pero mientras dure, su propósito será sanar. La percepción verdadera es un remedio que se conoce por muchos nombres. El perdón, la salvación, la Expiación y la percepción verdadera son todos una misma cosa. Son el comienzo de un proceso cuyo fin es conducir a la Unicidad que los transciende a todos. La percepción verdadera es el medio por el que se salva al mundo de las garras del pecado, pues el pecado no existe. Y esto es lo que la percepción verdadera ve.

C-4.4. El mundo se yergue como un sólido muro ante la faz de Cristo. Pero la percepción verdadera lo ve sólo como un frágil velo, tan fácil de descorrer que no podría durar más de un instante. Por fin se ve el mundo tal como es. Y ahora no puede sino desaparecer, pues en su lugar ha quedado un espacio vacío que ha sido despejado y preparado. Donde antes se percibía destrucción, aparece ahora la faz de Cristo, y en ese instante el mundo queda olvidado y el tiempo acaba para siempre al disolverse el mundo en la nada de dónde provino.

C-4.5. Un mundo perdonado no puede durar mucho. Era la morada de los cuerpos. Pero el perdón mira más allá de ellos. En eso radica su santidad; así es como sana. El mundo de los cuerpos es el mundo del pecado, pues sólo si el cuerpo existiese sería posible el pecado. El pecado acarrea culpabilidad, tan irremediablemente como el perdón acaba con ella. Y una vez que ha desaparecido todo rastro de culpabilidad, ¿qué queda que pueda seguir manteniendo al mundo separado y fijo en su lugar? Pues la idea de lugar habrá desaparecido también, junto con el tiempo. El cuerpo es lo único que hace que el mundo parezca real, pues, al ser algo separado, no puede permanecer donde la separación es imposible. El perdón prueba que es imposible porque no lo ve. Y lo que entonces pasas por alto, deja de ser comprensible para ti, tal como una vez estabas seguro de su presencia.

C-4.ó. Este es el cambio que brinda la percepción verdadera: lo que antes se había proyectado afuera, ahora se ve adentro, y ahí el perdón deja que desaparezca. Ahí se establece el altar al Hijo, y ahí se recuerda a su Padre. Ahí se llevan todas las ilusiones ante la verdad y se depositan ante el altar. Lo que se ve como que está afuera no puede sino estar más allá del alcance del perdón, pues parece ser por siempre pecaminoso. ¿Qué esperanza puede haber mientras se siga viendo el pecado como algo externo? ¿Qué remedio puede haber para la culpabilidad? Mas al ver a la culpabilidad y al perdón dentro de tu mente, estos se encuentran juntos por un instante, uno al lado del otro, ante un solo altar. Ahí, por fin, la enfermedad y su único remedio se unen en un destello de luz curativa. Dios ha venido a reclamar lo que es Suyo. El perdón se ha consumado.

C-4.7. Y ahora el conocimiento de Dios, inmutable, absoluto, puro y completamente comprensible, entra en su reino. Ya no hay percepción, ni falsa ni verdadera. Ya no hay perdón, pues su tarea ha finalizado. Ya no hay cuerpos, pues han desaparecido ante la deslumbrante luz del altar del Hijo de Dios. Dios sabe que ese altar es el Suyo, así como el de Su Hijo. Y ahí se unen, pues ahí el resplandor de la faz de Cristo ha hecho desaparecer el último instante del tiempo, y ahora la última percepción del mundo no tiene propósito ni causa. Pues ahí donde el recuerdo de Dios ha llegado finalmente, no hay jornada, ni creencia en el pecado, ni paredes, ni cuerpos. Y la sombría atracción de la culpabilidad y de la muerte se extingue para siempre.

C-4.8. ¿Oh hermanos míos, si tan sólo supierais cuanta paz os envolverá y os mantendrá a salvo, puros y amados en la Mente de Dios, no haríais más que apresuraros a encontraros con El en Su altar! Santificados sean vuestros nombres y el Suyo, pues se unen ahí, en ese santo lugar. Ahí Él se inclina para elevaros hasta El, liberándoos de las ilusiones para llevaros a la santidad; liberándoos del mundo para conduciros a la eternidad; liberándoos de todo temor y devolviéndoos al amor.




5. JESÚS - CRISTO


C5.1. No necesitas ayuda para entrar en el Cielo, pues jamás te ausentaste de él. Pero si necesitas una ayuda que proceda de más allá de ti, pues te encuentras limitado por falsas creencias con respecto a tu Identidad, la cual sólo Dios estableció en la realidad. Los ayudantes que se te proveen varían de forma, aunque ante el altar son uno solo. Más allá de cada uno de ellos se encuentra un Pensamiento de Dios, y esto jamás ha de cambiar. Pero sus nombres difieren por un tiempo, puesto que el tiempo necesita símbolos, siendo de por si irreal. Sus nombres son legión, pero no nos extenderemos más allá de los nombres que el curso en si emplea. Dios no provee ayuda, pues no sabe de necesidades. Sin embargo, El crea todos los Ayudantes que Su Hijo pueda necesitar, mientras este siga creyendo que sus fantasías son reales. Dale gracias a Dios por ellos, pues son quienes te conducirán de regreso a tu hogar.

C5.2. El nombre de Jesús es el nombre de uno que, siendo hombre, vio la faz de Cristo en todos sus hermanos y recordó a Dios. Al identificarse con Cristo, dejó de ser un hombre y se volvió uno con Dios. El hombre era una ilusión, pues parecía ser un ser separado que caminaba por su cuenta, dentro de un cuerpo que aparentemente mantenía a su ser separado de su Ser, como hacen todas las ilusiones. Pero ¿quién puede salvar a menos que, al ver las ilusiones, las identifique como lo que son? Jesús sigue siendo un Salvador porque vio lo falso y no lo aceptó como la verdad. Cristo necesitó su forma para poder presentarse ante los hombres y salvarlos de sus ilusiones.

C5.3. En su completa identificación con el Cristo -el perfecto Hijo de Dios, Su única creación y Su felicidad, por siempre como El y uno con El- Jesús se convirtió en lo que todos vosotros no podéis sino ser. Mostró el camino para que le siguieras. Él te conduce de regreso a Dios porque vio el camino ante sí y lo siguió. Jesús hizo una clara distinción, todavía velada para ti, entre lo falso y lo verdadero. Te ofreció una demostración palpable de que es imposible matar al Hijo de Dios, y de que el pecado, la maldad, la malicia, el miedo o la muerte no pueden alterar su vida en modo alguno.

C5.4. Todos tus pecados, por lo tanto, te han sido perdonados, ya que jamás tuvieron consecuencia alguna. Y así, no fueron más que sueños. Levántate con aquel que te mostró esto, ya que se lo debes por haber compartido contigo tus sueños para que pudieran ser disipados. Y todavía los comparte, para mantenerse en unión contigo.

C5.5. ¿Es el Cristo? Por supuesto que sí, junto Contigo. Su vida en la tierra no fue lo suficientemente larga como para poder enseñar la poderosa lección que aprendió por todos vosotros. Mas el permanecerá contigo para conducirte desde el infierno que tu hiciste hasta Dios. Y cuando unas tu voluntad a la suya, veras a través de su visión, pues los ojos de Cristo se comparten. Caminar con él es algo tan natural como caminar con un hermano al que conoces desde que naciste, pues eso es en verdad lo que él es. Se han hecho amargos ídolos de aquel que sólo quiere ser un hermano para el mundo. Perdónale tus fantasías, y comprende lo mucho que amarías a un hermano así. Pues el por fin le brindara descanso a tu mente y la llevara contigo ante tu Dios.

C5.6. ¿Es el único Ayudante de Dios? ¡Por supuesto que no! Pues Cristo adoptara muchas formas con diferentes nombres hasta que se reconozca la unicidad de todas ellas. Mas para ti, Jesús es el portador del único mensaje de Cristo acerca del Amor de Dios. No tienes necesidad de ningún otro. Es posible leer sus palabras y beneficiarse de ellas sin aceptarle en tu vida. Mas él te ayudaría todavía mas si compartieses con el tus penas y alegrías, y renunciases a ambas para hallar la paz de Dios. Con todo, lo que él quiere que aprendas más que nada sigue siendo la lección que vino a enseñar, la cual reza así: La muerte no existe porque el Hijo de Dios es como su Padre. No puedes hacer nada que pueda alterar el Amor Eterno. Olvida tus sueños de pecado y de culpabilidad, y en su lugar ven conmigo a compartir la resurrección del Hijo de Dios. Y trae contigo todos aquellos que Él te ha enviado para que cuides de ellos como yo cuido de ti.




6. EL ESPÍRITU SANTO


C6.1. Jesús es la manifestación del Espíritu Santo, a Quien el invocó para que descendiese sobre la tierra después de su ascensión al Cielo, es decir, después de haberse identificado completamente con el Cristo, el Hijo de Dios tal como Él lo creó. Al ser el Espíritu Santo una creación del Único Creador y al crear junto con Él y a Su semejanza o espíritu, es eterno y nunca ha cambiado. Fue "invocado para que descendiese sobre la tierra", en el sentido de que entonces se hizo posible aceptarle y escuchar Su Voz. Su Voz es la Voz de Dios, y, por lo tanto, ha adquirido forma. Dicha forma no es Su realidad, la cual sólo Dios conoce junto con Cristo, Su verdadero Hijo, Quien es parte de Él.

C6.2. Al Espíritu Santo se le describe a lo largo del curso como Aquel que nos ofrece la respuesta a la separación y nos trae el plan de la Expiación, al asignarnos el papel especial que nos corresponde desempeñar en dicho plan y mostrarnos exactamente en que consiste. Él ha designado a Jesús como el líder para llevar a cabo Su plan, ya que Jesús fue el primero en desempeñar perfectamente su papel. Se le ha dado pleno poder en el Cielo y en la tierra, y lo compartirá contigo cuando tu hayas desempeñado el tuyo. El principio de la Expiación le fue dado al Espíritu Santo mucho antes de que Jesús lo pusiese en marcha.

C6.3. Al Espíritu Santo se le describe como el ultimo vinculo de comunicación que queda entre Dios y Sus Hijos separados. A fin de llevar a cabo esta función especial, Él ha asumido una doble función. Goza de conocimiento porque es parte de Dios; percibe porque fue enviado para salvar a la humanidad. Él es el gran principio corrector, el portador de la verdadera percepción, el poder intrínseco de la visión de Cristo. Él es la luz en la que se percibe el mundo perdonado, en el que solamente puede verse la faz de Cristo. Él nunca se olvida del Creador ni de Su Creación. Él nunca se olvida del Hijo de Dios. Él nunca se olvida de ti. Te brinda el Amor de tu Padre en un eterno resplandor que nunca será extinguido porque Dios Mismo lo depositó ahí.

C6.4. El Espíritu Santo mora en la parte de tu mente que es parte de la Mente de Cristo. El representa a tu Ser y a tu Creador, Quienes son uno. Habla por Dios y también por ti, ya que está unido a Ambos. Por consiguiente, Él es la prueba de que Ambos son uno solo. El Espíritu Santo parece ser una Voz, pues de esa forma es como te comunica la Palabra de Dios. Parece ser un Guía por tierras lejanas, pues esa es la clase de ayuda que necesitas. Y parece ser también cualquier cosa que satisfaga las necesidades que creas tener. Pero Él no se engaña cuando te percibes a ti mismo atrapado por necesidades que no tienes. De ellas es de las que quiere liberarte. De ellas es de las que quiere ponerte a salvo.

C6.5. Tu eres Su manifestación en este mundo. Tu hermano te invoca para que seas Su Voz junto con él. Por si solo no puede ser el Ayudante del Hijo de Dios, pues por sí solo no tiene ninguna función. Pero unido a ti es el resplandeciente Salvador del mundo, Cuyo papel en la redención de este tú has completado. Él te da las gracias a ti y a tu hermano, pues te elevaste con el cuándo el empezó a salvar al mundo. Y estarás con el cuándo el tiempo haya cesado y ya no quede ni rastro de los sueños de rencor en los que bailabas al compás de la exangüe música de la muerte. Pues en su lugar se oirá el himno a Dios por unos momentos más. Y luego ya no se oirá mas la Voz, ya que no volverá a adoptar ninguna forma, sino que retornara a la eterna Amorfía de Dios.




EPÍLOGO


C-ep.1. No olvides que una vez que esta jornada ha comenzado, el final es seguro. Las dudas te asaltaran una y otra vez a lo largo del camino, y luego se aplacaran sólo para volver a surgir. El final, no obstante, es indudable. Nadie puede dejar de hacer lo que Dios le ha encomendado que haga. Cuando te olvides de esto, recuerda que caminas a Su lado, con Su Palabra impresa en tu corazón. ¿Quién puede desalentarse teniendo una Esperanza como esa? Ilusiones de abatimiento parecerán asaltarte, pero aprende a no dejarte engañar por ellas. Detrás de cada ilusión esta la realidad y esta Dios. ¿Porque querrías seguir esperando por esto y substituirlo por ilusiones, cuando Su Amor se encuentra tan sólo un instante más allá en el camino donde todas ellas acaban? El final es indudable y está garantizado por Dios. ¿Quién se detendría ante una imagen inerte, cuando un paso más allá el más Santo de todos los Santos abre una puerta inmemorial que conduce más allá del mundo?

C-ep.2. Tu eres un extraño aquí. Pero le perteneces a Aquel que te ama como Él se ama a Si Mismo. Sólo con que me pidas que te ayude a hacer rodar la piedra, ello se hará conforme a Su Voluntad. Nuestra jornada ya ha comenzado. Hace mucho tiempo que el final se escribió en las estrellas y se plasmó en los Cielos con un rayo de luz brillante que lo ha mantenido a salvo en la eternidad y a lo largo del tiempo, y que aún lo conserva inalterado, imperturbable e inmutable.

C-ep.3. No tengas miedo. No hemos hecho más que reanudar una vieja jornada que comenzamos hace mucho tiempo, pero que aparenta ser nueva. Hemos reanudado nuestra jornada por la misma senda que estábamos recorriendo antes y en la que, por un tiempo, nos perdimos. Y ahora intentamos recorrerla de nuevo. Nuestro nuevo comienzo posee la certeza que le había faltado a la jornada hasta ahora. Levanta la mirada y contempla Su Palabra entre las estrellas, donde Él ha escrito tu nombre junto con el Suyo. Levanta la mirada y halla tu infalible destino que el mundo quiere ocultar, pero que Dios quiere que veas.

C-ep.4. Esperemos aquí en silencio, y arrodillémonos un instante en agradecimiento hacia Aquel que nos llamó y nos ayudó a oír Su Llamada. Y luego levantémonos y recorramos con fe el camino que nos conduce a Él. Ahora estamos seguros de que no caminamos solos. Pues Dios está aquí, y con El todos nuestros hermanos. Ahora sabemos que jamás volveremos a extraviarnos. El canto que sólo se había interrumpido por un instante se vuelve a oír, si bien parece como si nunca antes se hubiese entonado. Lo que aquí ha empezado ganara fuerza, vida y esperanza, hasta que el mundo se detenga por un instante y olvide todo lo que el sueño de pecado hizo de él.

C-ep.5. Salgamos al encuentro de ese mundo recién nacido, sabiendo que Cristo ha renacido en él y que la bendición de su renacimiento perdurara para siempre. Habíamos perdido el rumbo, pero Él lo ha encontrado por nosotros. Démosle la bienvenida a Aquel que regresa a nosotros para celebrar la salvación y el fin de todo lo que creíamos haber hecho. El lucero del alba de este nuevo día contempla un mundo diferente en el que se le da la bienvenida a Dios, y a Su Hijo junto con El. Nosotros que le completamos, le damos las gracias, tal como Él nos las da a nosotros. El Hijo reposa, y en la quietud que Dios le dio, entra en su hogar y por fin esta en paz.

¿QUE POSTULA?

Nada real puede ser amenazado.
Nada irreal existe.
En esto radica la paz de Dios.

1. Así comienza Un curso de milagros, el cual establece una clara distinción entre lo real y lo irreal, entre el conocimiento y la percepción. El conocimiento es la verdad y está regido por una sola ley: la ley del amor o Dios. La verdad es inalterable, eterna e inequívoca. Es posible no reconocerla, pero es imposible cambiarla. Esto es así con respecto a todo lo que Dios creó, y sólo lo que Él creó es real. La verdad está más allá del aprendizaje porque está más allá del tiempo y de todo proceso. No tiene opuestos, ni principio ni fin. Simplemente es.

2. El mundo de la percepción, por otra parte, es el mundo del tiempo, de los cambios, de los comienzos y de los finales. Se basa en interpretaciones, no en hechos. Es un mundo de nacimientos y muertes, basado en nuestra creencia en la escasez, en la pérdida, en la separación y en la muerte. Es un mundo que aprendemos, en vez de algo que se nos da; es selectivo en cuanto al énfasis perceptual, inestable en su modo de operar e inexacto en sus interpretaciones.

3. Del conocimiento y de la percepción surgen dos sistemas de pensamiento distintos que se oponen entre sí en todo. En el ámbito del conocimiento no existe ningún pensamiento aparte de Dios porque Dios y Su Creación comparten una sola Voluntad. El mundo de la percepción, por otra parte, se basa en la creencia en opuestos, en voluntades separadas y en el perpetuo conflicto que existe entre ellas, y entre ellas y Dios. Lo que la percepción ve y oye parece real porque solo admite en la conciencia aquello que concuerda con los deseos del perceptor. Esto da lugar a un mundo de ilusiones, mundo que es necesario defender sin descanso, precisamente porque no es real.

4. Una vez que alguien queda atrapado en el mundo de la percepción, queda atrapado en un sueño. No puede escapar sin ayuda, porque todo lo que sus sentidos le muestran da fe de la realidad del sueño. Dios nos ha dado la Respuesta, el único Medio de escape, el verdadero Ayudante. La función de Su Voz –Su Espíritu Santo- es mediar entre los dos mundos. El Espíritu Santo puede hacer eso porque, si bien una parte conoce la verdad, reconoce también nuestras ilusiones, aunque no cree en ellas. El objetivo del Espíritu Santo es ayudarnos a escapar del mundo de los sueños, enseñándonos cómo cambiar nuestra manera de pensar y cómo corregir nuestros errores. El perdón es el recurso de aprendizaje excelso que el Espíritu Santo utiliza para llevar a cabo ese cambio en nuestra manera de pensar. El Curso, no obstante, ofrece su propia definición de lo que en realidad es el perdón, así como también de lo que es el mundo.

5. El mundo que vemos refleja simplemente nuestro marco de referencia interno: las ideas predominantes, los deseos y las emociones que albergan nuestras mentes. “La proyección da lugar a la percepción” (Texto, cap. 21). Primero miramos en nuestro interior y decidimos qué clase de mundo queremos ver; luego proyectamos ese mundo afuera y hacemos que sea real para nosotros tal como lo vemos. Hacemos que sea real mediante las interpretaciones que hacemos de lo que estamos viendo. Si nos valemos de la percepción para justificar nuestros propios errores –nuestra ira, nuestros impulsos agresivos, nuestra falta de amor en cualquier forma que se manifieste- veremos un mundo lleno de maldad, destrucción, malicia, envidia y desesperación. Tenemos que aprender a perdonar todo esto, no porque al hacerlo seamos “buenos” o “caritativos”, sino porque lo que vemos no es real. Hemos distorsionado el mundo con nuestras absurdas defensas y, por lo tanto, estamos viendo lo que no está ahí. A medida que aprendamos a reconocer nuestros errores de percepción, aprenderemos también a pasarlos por alto, es decir, a “perdonarlos”. Al mismo tiempo nos perdonaremos al mirar más allá de los conceptos distorsionados que tenemos de nosotros mismos, y ver el Ser que Dios creó en nosotros, como nosotros.

6. El pecado se define como una “falta de amor” (Texto, cap. 1; subcapítulo IV). Puesto que lo único que existe es el amor, para el Espíritu Santo el pecado no es otra cosa que un error que necesita corrección, en vez de algo perverso que merece castigo. Nuestra sensación de ser inadecuados, débiles y de estar incompletos procede del gran valor que le hemos otorgado al “principio de la escasez” el cual rige al mundo de las ilusiones. Desde este punto de vista, buscamos en otros lo que consideramos que nos falta a nosotros. “Amamos” a otro con el objeto de ver que podemos sacar de él. De hecho, a esto es a lo que en el mundo de los sueños se le llama amor. No puede haber mayor error que ése, pues el amor es incapaz de exigir nada.

7. Sólo las mentes pueden unirse realmente y lo que Dios ha unido, ningún hombre lo puede desunir (Texto, cap. 17, subcapítulo III). No obstante, la verdadera unión, que nunca se perdió, sólo es posible en el nivel de la Mente de Cristo. El “pequeño yo” procura engrandecerse obteniendo del mundo externo aceptación, posesiones y “amor”. El Ser que Dios creó no necesita nada. Está eternamente a salvo y es eternamente íntegro, amado y amoroso. Busca compartir en vez de obtener; extender en vez de proyectar. No tiene necesidades de ninguna clase y sólo busca unirse a otros que, como él, son conscientes de su propia abundancia.

8. Las relaciones especiales que se establecen en el mundo son destructivas, egoístas e “infantilmente” egocéntricas. Mas si se le entregan al Espíritu Santo, pueden convertirse en lo más sagrado de la tierra: en los milagros que señalan el camino de retorno al Cielo. El mundo utiliza las relaciones especiales como el último recurso en favor de la exclusión y como una prueba de la realidad de la separación. El Espíritu Santo las transforma en perfectas lecciones de perdón y las utiliza como un medio para despertarnos del sueño. Cada una representa una oportunidad de sanar nuestras percepciones y de corregir nuestros errores. Cada una es una nueva oportunidad de perdonarnos a nosotros mismos, perdonando a otros. Y cada una viene a ser una invitación más al Espíritu Santo y al recuerdo de Dios.

9. La percepción es una función del cuerpo, y, por lo tanto, supone una limitación de la conciencia. La percepción ve a través de los ojos del cuerpo y oye a través de sus oídos. Produce las limitadas reacciones que éste tiene. El cuerpo aparenta ser, en gran medida, auto-motivado e independiente, más en realidad sólo responde a las intenciones de la mente. Si la mente lo utiliza para atacar, sea de la forma que sea, el cuerpo se convierte en la víctima de la enfermedad, la vejez y la decrepitud. Si la mente, en cambio, acepta el propósito del Espíritu Santo, el cuerpo se convierte en un medio eficaz de comunicación con otros –invulnerable mientras se le necesite- que luego sencillamente se le descarta cuando deja de ser necesario. De por sí, el cuerpo es neutro, como lo es todo en el mundo de la percepción. Utilizarlo para los objetivos del ego o para los del Espíritu Santo depende enteramente de lo que la mente elija.

10. Lo opuesto a ver con los ojos del cuerpo es la visión de Cristo, la cual refleja fortaleza en vez de debilidad, unidad en vez de separación y amor en vez de miedo. Lo opuesto a oír con los oídos del cuerpo es la comunicación a través de la Voz que habla en favor de Dios, el Espíritu Santo, el cual mora en cada uno de nosotros. Su Voz nos parece distante y difícil de oír porque el ego, que habla en favor del yo falso y separado, parece hablar a voz en grito. Sin embargo, es todo lo contrario. El Espíritu Santo habla con una claridad inequívoca y ejerce una atracción irresistible. Nadie puede ser sordo a Sus mensajes de liberación y esperanza, a no ser que elija identificarse con el cuerpo, ni nadie puede dejar de aceptar jubilosamente la visión de Cristo a cambio de la miserable imagen que tiene de sí mismo.

11. La visión de Cristo es del don del Espíritu Santo, la alternativa que Dios nos ha dado contra la ilusión de la separación y la creencia en la realidad del pecado, la culpabilidad y la muerte. Es la única corrección para todos los errores de percepción: la reconciliación de los aparentes opuestos en los que se basa este mundo. Su benévola luz muestra todas las cosas desde otro punto de vista, reflejando el sistema de pensamiento que resulta del conocimiento y haciendo que el retorno a Dios no sólo sea posible, sino inevitable. Lo que antes se consideraba una injusticia que alguien cometió contra otro, se convierte ahora en una petición de ayuda y de unión. El pecado, la enfermedad y el ataque se consideran ahora percepciones falsas que claman por el remedio que procede de la ternura y del amor. Las defensas se abandonan porque donde no hay ataque no hay necesidad de ellas. Las necesidades de nuestros hermanos se vuelven las nuestras, porque son nuestros compañeros en la jornada de regreso a Dios. Sin nosotros, ellos perderían el rumbo. Sin ellos, nosotros jamás podríamos encontrar el nuestro.

12. El perdón es algo desconocido en el Cielo, donde es inconcebible que se pudiese necesitar. En este mundo, no obstante, el perdón es una corrección necesaria para todos los errores que hemos cometido. Perdonar a otros es la única manera en que nosotros mismos podemos ser perdonados, ya que refleja la ley celestial según la cual dar es lo mismo que recibir. El Cielo es el estado natural de todos los Hijos de Dios tal como Él los creó. Ésa es su realidad eternamente, la cual no ha cambiado porque nos hayamos olvidado de ella.

13. El perdón es el medio que nos permitirá recordar. Mediante el perdón cambiamos la manera de pensar del mundo. El mundo perdonado se convierte en el umbral del Cielo, porque mediante su misericordia podemos finalmente perdonarnos a nosotros mismos. Al no mantener a nadie prisionero de la culpabilidad, nos liberamos. Al reconocer a Cristo en todos nuestros hermanos, reconocemos Su Presencia en nosotros mismos. Al olvidar todas nuestras percepciones erróneas, y al no permitir que nada del pasado nos detenga, podemos recodar a Dios. El aprendizaje no nos puede llevar más allá. Cuando estemos listos, Dios Mismo dará el último paso que nos conducirá de regreso a Él.

PROYECCIÓN

Repudias lo que proyectas, por lo tanto, 
no crees que forma parte de ti.

Te excluyes a ti mismo al juzgar que eres diferente de aquel sobre el que proyectas. 

T-6.II.2. 

T-18.I.5. Tal vez te sorprenda oír cuán diferente es la realidad de eso que ves. No te das cuenta de la magnitud de ese único error. Fue tan inmenso y tan absolutamente increíble que de él no pudo sino surgir un mundo totalmente irreal. ¿Qué otra cosa si no podía haber surgido de él? A medida que empieces a examinar sus aspectos fragmentados te darás cuenta de que son bastante temibles. Pero nada que hayas visto puede ni remotamente empezar a mostrarte la enormidad del error original, el cual pareció expulsarte del Cielo, fragmentar el conocimiento convirtiéndolo en inútiles añicos de percepciones desunidas y forzarte a llevar a cabo más sustituciones. 

T-18.I.6. Ésa fue la primera proyección del error al exterior. El mundo surgió para ocultarlo, y se convirtió en la pantalla sobre la que se proyectó, la cual se interpuso entre la verdad y tú. Pues la verdad se extiende hacia adentro, donde la idea de que es posible perder no tiene sentido y lo único que es concebible es un mayor aumento. ¿Crees que es realmente extraño que de esa proyección del error surgiese un mundo en el que todo está invertido y al revés? Eso fue inevitable. Pues si se llevase la verdad ante esto, ésta sólo podría permanecer recogida en calma, sin tomar parte en la absurda proyección mediante la cual este mundo fue construido. No llames pecado a esa proyección sino locura, pues eso es lo que fue y lo que sigue siendo. Tampoco la revistas de culpabilidad, pues la culpabilidad implica que realmente ocurrió. Pero sobre todo, no le tengas miedo.

SUEÑO

SUEÑO (114) - el estado de la post-separación en el cual el Hijo de Dios sueña con un mundo de pecado, culpa y miedo y cree que esta es la realidad y que el Cielo es el sueño; el Hijo, que es el soñador, es la causa del mundo el cual es el efecto, aun cuando esta relación entere causa y efecto parece que esta invertida en este mundo, donde parece que nosotros somos el efecto o la victima del mundo; ocasionalmente se usa para referirse a sueños en el sueño, aunque no hay diferencia real entre ellos y el soñar despierto, porque ambos son parte del mundo ilusorio de la percepción.


ver: sueño feliz, el soñar dormido

perdón L.pI.193.5-8; L-pI.198.9

LUZ

LUZ (064)

conocimiento: metáfora que se usa para describir la esencia del espíritu. Dios y Cristo.
percepción verdadera: metáfora que describe la visión de Cristo, o el perdón, el cual nos une en relaciones santas y remueve los tenebrosos velos de culpa que nos mantienen arraigados en el sueño del ego. Ver: *traer la oscuridad (ilusiones) a la luz (verdad), Grandes Rayos

cuerpo T-24.VII.4-9; T-25.1.4; T-25.II.7-11; T-25.III.5-7
culpa T-13.IX.7-8; T13.X.8-14; T-14.V.4; T-18.IX
curación (sanación) T-5.in; T-12.II.1-2; T-14.III.6; L-pl.108.1-3
Dios/Cielo
T-3.VII.5-6; T-4.IV.9; T-8.VII.12; T-11.III.4-8
T-11.IV.3; T-26.IX.4-7; T-30.II.3; T-30.III.8-11
T-31.VIII.11-12; L-pI.44; L-pI.59.4
L-pI.94.2; L-pII.225.1; L-pII.239.2; L-pII.249.1
L-pII.283.1
Espíritu Santo T-5.II.4; T-5.III.7; T-6.V-C.1; T-13.VII.12-14; T-14.II.4; C-6.3
Expiación T-2.III.1; T-3.1.6-7
iluminación T-4.in.I; T-7.V.10; T-8.III.1; T-12.II.4; T-12.VI.7; L-pI.188.1
instante santo T-20.V.5; T-26.V.11
Jesús T-8.IV.2; T-19.IV-B.6-8
mente T-7.III.4-5; T-7.XI.5; T-9.II.5; T-9.V.7
milagro T-1.I.33; T-3.V.10; T-13.VIII.8; L-pI.78; L-pI.91; L-pl.92;
L-pII.345; C-2.5-6
mundo T-5.II.10; T-6.II.13; L-pI.61; L-pI.81.1-2 L-pI.100.3; L-pI.124.2-7; 
L-pI.156.4-8; L-pI.157.4-7; L-pI.188
mundo real T-13.VI.11; T-18.IX.8-13; L-pI.73.4-5; L-pI.75; L-pI.131.13-14
L-pI.135.20-25; L-pI.182.4; L-pI.189.1-5
oscuridad (tinieblas) T-I.IV.3; T-4.III.5; T-13.VI.2-12; T-14.X.5; T-15.XI.2; 
T-25.IV.3-5; T-25.VI.2-7; L-pI.88.1; L-pI.97.6; M-1.1-2
perdón T-23.in.6; T-26.IV.2-5; T-29.III.3-5; L-pI.57.5; L-pI.62.1
L-pI.63.1-3; L-pI.81.3; L-pI.82.1; L-pI.121.10-13; L-pII.332.1
relación santa T-18.I.13; T-18.III; T-20.II.9-11; T-20.III.7-11; T-20.II.12; 
T-22.IV.3-4; T-22.VI.4-15; T-23.IV.4-6; T-31.II.11; L-pI.153.11
sueño T-2.I.4; T-29.IX.4
velo/nube T-15.VI.6; T-19.IV.D-2; T-29.VIII.3-5; T-31.VII.6-15; L-pI.41.5; 
L-pI.56.4; L-pI.69; L-pI.70.8-9; L-pI.95.12
visión T-13.V.8-11; T-13.VIII.2-5; T-20.VIII.3-4; T-21.I.8-10
L-pI.15.2-3; L-pI.158.7-11; L-pII.265.1

LEYES DEL CAOS

Quíntuple Descenso Dantino

Éstas son las leyes que rigen el mundo que tú fabricaste.
El caos es la ausencia total de orden, y no tiene leyes.

  • 1. Cada quien su verdad y nada es igual.
  • 2. Todos son pecadores, justificado el ataque-muerte. Jerarquía de ilusiones.
  • 3. El temor a Dios, su plan de Expiación un mito y no hay salvación.
  • 4. El ego posee todo aquello de lo que se apropia. Requiere validación constante.
  • 5. El sustituto del ego para el amor es la magia para curar dolor-sufrimiento.

T-23.II.1. Puedes llevar las "leyes" del caos ante la luz, pero nunca las podrás entender. Las leyes caóticas no tienen ningún significado y, por lo tanto, se encuentran fuera de la esfera de la razón. No obstante, aparentan ser un obstáculo para la razón y para la verdad. Contemplémoslas, pues, detenidamente, para que podamos ver más allá de ellas y entender lo que son, y no lo que quieren probar. Es esencial que se entienda cuál es su propósito porque su fin es crear caos y atacar la verdad. Éstas son las leyes que rigen el mundo que tú fabricaste. Sin embargo, no gobiernan nada ni necesitan violarse: necesitan simplemente contemplarse y transcenderse.

T-23.II.2. La primera ley caótica es que la verdad es diferente para cada persona. Al igual que todos estos principios, éste mantiene que cada cual es un ente separado, con su propia manera de pensar que lo distingue de los demás. Este principio procede de la creencia en una jerarquía de ilusiones: de que algunas son más importantes que otras, y, por lo tanto, más reales. Cada cual establece esto para sí mismo, y le confiere realidad atacando lo que otro valora. Y el ataque se justifica porque los valores difieren, y los que tienen distintos valores parecen ser diferentes, y, por ende, enemigos.

T-23.II.3. Observa cómo parece ser esto un impedimento para el primer principio de los milagros, pues establece grados de verdad entre las ilusiones, haciendo que algunas parezcan ser más difíciles de superar que otras. Si uno pudiese darse cuenta de que todas ellas son la misma ilusión y de que todas son igualmente falsas, sería fácil entender entonces por qué razón los milagros se aplican a todas ellas por igual. Cualquier clase de error puede ser corregido precisamente porque no es cierto. Cuando se lleva ante la verdad en vez de ante otro error, simplemente desaparece. Ninguna parte de lo que no es nada puede ser más resistente a la verdad que otra.

T-23.II.4. La segunda ley del caos, muy querida por todo aquel que venera el pecado, es que no hay nadie que no peque, y, por lo tanto, todo el mundo merece ataque y muerte. Este principio, estrechamente vinculado al primero, es la exigencia de que el error merece castigo y no corrección. Pues la destrucción del que comete el error lo pone fuera del alcance de la corrección y del perdón. De este modo, interpreta lo que ha hecho como una sentencia irrevocable contra sí mismo que ni siquiera Dios Mismo puede revocar. Los pecados no pueden ser perdonados, al ser la creencia de que el Hijo de Dios puede cometer errores por los cuales su propia destrucción se vuelve inevitable.

T-23.II.5. Piensa en las consecuencias que esto parece tener en la relación entre Padre e Hijo. Ahora parece que nunca jamás podrán ser uno de nuevo. Pues uno de ellos no puede sino estar por siempre condenado, y por el otro. Ahora son diferentes y, por ende, enemigos. Y su relación es una de oposición, de la misma forma en que los aspectos separados del Hijo convergen únicamente para entrar en conflicto, pero no para unirse. Uno de ellos se debilita y el otro se fortalece con la derrota del primero. Y su temor a Dios y el que se tienen entre sí parece ahora razonable, pues se ha vuelto real por lo que el Hijo de Dios se ha hecho a sí mismo y por lo que le ha hecho a su creador.

T-23.II.6. En ninguna otra parte es más evidente la arrogancia en la que se basan las leyes del caos que como sale a relucir aquí. He aquí el principio que pretende definir lo que debe ser el creador de la realidad; lo que debe pensar y lo que debe creer; y, creyéndolo, cómo debe responder. Ni siquiera se considera necesario preguntarle si eso que se ha decretado que son Sus creencias es verdad. Su Hijo le puede decir lo que ésta es, y la única alternativa que le queda es aceptar la palabra de Su Hijo o estar equivocado. Esto conduce directamente a la tercera creencia descabellada que hace que el caos parezca ser eterno. Pues si Dios no puede estar equivocado, tiene entonces que aceptar la creencia que Su Hijo tiene de sí mismo y odiarlo por ello.

T-23.II.7. Observa cómo se refuerza el temor a Dios por medio de este tercer principio. Ahora se hace imposible recurrir a Él en momentos de tribulación, pues Él se ha convertido en el "enemigo" que la causó y no sirve de nada recurrir a Él. La salvación tampoco puede encontrarse en el Hijo, ya que cada uno de sus aspectos parece estar en pugna con el Padre y siente que su ataque está justificado. Ahora el conflicto se ha vuelto inevitable e inaccesible a la ayuda de Dios. Pues ahora la salvación jamás será posible, ya que el salvador se ha convertido en el enemigo.

T-23.II.8. No hay manera de liberarse o escapar. La Expiación se convierte en un mito, y lo que la voluntad de Dios dispone es la venganza , no el perdón. Desde allí donde todo esto se origina, no se ve nada que pueda ser realmente una ayuda. Sólo la destrucción puede ser el resultado final. Y Dios Mismo parece estar poniéndose de parte de ello para derrotar a Su Hijo. No pienses que el ego te va a ayudar a escapar de lo que él desea para ti. Ésa es la función de este curso, que no le concede ningún valor a lo que el ego estima.

T-23.II.9. El ego atribuye valor únicamente a aquello de lo que se apropia. Esto conduce a la cuarta ley del caos, que, si las demás son aceptadas, no puede sino ser verdad. Esta supuesta ley es la creencia de que posees aquello de lo que te apropias. De acuerdo con esa ley, la pérdida de otro es tu ganancia y, por consiguiente, no reconoce el hecho de que nunca puedes quitarle nada a nadie, excepto a ti mismo. Mas las otras tres leyes no pueden sino conducir a esto. Pues los que son enemigos no se conceden nada de buen grado el uno al otro, ni procuran compartir las cosas que valoran. Y lo que tus enemigos ocultan de ti debe ser algo que vale la pena poseer, ya que lo mantienen oculto de ti.

T-23.II.10. Todos los mecanismos de la locura se hacen patentes aquí: el "enemigo” que se fortalece al mantener oculto el valioso legado que debería ser tuyo; la postura que adoptas y el ataque que infliges, los cuales están justificados por razón de lo que se te ha negado; y la pérdida inevitable que el enemigo debe sufrir para que tú te puedas salvar. Así es como los culpables declaran su inocencia. Si el comportamiento inescrupuloso del enemigo no los forzara a este vil ataque, sólo responderían con bondad. Pero en un mundo despiadado los bondadosos no pueden sobrevivir, de modo que tienen que apropiarse de todo cuanto puedan o dejar que otros se apropien de lo que es suyo.

T-23.II.11. Y ahora queda una vaga pregunta por contestar, que aún no ha sido "explicada". ¿Qué es esa cosa tan preciada, esa perla de inestimable valor, ese tesoro oculto, que con justa indignación debe arrebatársele a éste el más pérfido y astuto de los enemigos? Debe de ser lo que siempre has anhelado, pero nunca hallaste. Y ahora "entiendes" la razón de que nunca lo encontraras. Este enemigo te lo había arrebatado y lo ocultó donde jamás se te habría ocurrido buscar. Lo ocultó en su cuerpo, haciendo que éste sirviese de refugio para su culpabilidad, de escondrijo de lo que es tuyo. Ahora su cuerpo se tiene que destruir y sacrificar para que tú puedas tener lo que te pertenece. La traición que él ha cometido exige su muerte para que tú puedas vivir. Y así, sólo atacas en defensa propia.

T-23.II.12. Pero ¿qué es eso que deseas que exige su muerte? ¿Cómo puedes estar seguro de que tu ataque asesino está justificado, a menos que sepas cuál es su propósito? Aquí es donde el "último" principio del caos acude en tu "auxilio". Este principio (el quinto y último principio) alega que hay un substituto para el amorÉsta es la magia que curará todo tu dolor, el elemento que falta que curaría tu locura. Ésa es la razón de que tengas que atacar. He aquí lo que hace que tu venganza esté justificada. He aquí, revelado, el regalo secreto del ego, arrancado del cuerpo de tu hermano donde se había ocultado con malicia y con odio hacia aquel a quien verdaderamente le pertenece. Él te quiere privar de ese ingrediente secreto que le daría significado a tu vida. El substituto del amor, nacido de vuestra mutua enemistad, tiene que ser la salvación. Y no tiene substitutos, pues sólo hay uno. Y así, el propósito de todas tus relaciones es apropiarte de él y convertirte en su dueño.

T-23.II.13. Mas nunca podrás poseerlo del todo. Y tu hermano jamás cesará de atacarte por lo que le robaste. Y la venganza de Dios contra vosotros dos tampoco cesará, pues en Su locura Él tiene también que poseer ese sustituto del amor y destruiros a ambos. Tú que crees ser cuerdo y caminar por tierra firme en un mundo en el que se puede encontrar significado, considera lo siguiente: Éstas son las leyes en las que parece basarse tu "cordura". Estos son los principios que hacen que el suelo que pisas parezca firme. Y es ahí donde tratas de encontrar significado. Esas son las leyes que promulgaste para tu salvación. Apoyan firmemente al sustituto del Cielo que prefieres. Ése es su propósito, pues para eso es para lo que fueron promulgadas. No tiene objeto preguntar qué significado tienen. Eso es obvio. Los medios de la locura no pueden sino ser dementes. ¿Estás tú igualmente seguro de que comprendes que su objetivo es la locura?

T-23.II.14. Nadie desea la locura, ni nadie se aferra a su propia locura si ve que eso es lo que es. Lo que protege a la locura es la creencia de que es la verdad. La función de la demencia es usurpar el lugar de la verdad. Para poder creer en la demencia hay que considerarla la verdad. Y si es la verdad, entonces su opuesto, que antes era la verdad, tiene que ser ahora la locura. Tal inversión, en la que todo está completamente al revés: en la que la demencia es cordura, las ilusiones verdad, el ataque bondad, el odio amor y el asesinato bendición, es el objetivo que persiguen las leyes del caos. Esos son los medios que hacen que las leyes de Dios parezcan estar invertidas. Ahí las leyes del pecado parecen mantener cautivo al amor y haber puesto al pecado en libertad.

T-23.II.15. Ésos no parecen ser los objetivos del caos, pues gracias a la gran inversión parecen ser las leyes del orden. ¿Cómo podría ser de otra manera? El caos es la ausencia total de orden, y no tiene leyes. Para que se pueda creer en él, sus aparentes leyes tienen que percibirse como reales. Su objetivo de demencia tiene que verse como cordura. Y el miedo, con labios mortecinos y ojos que no ven, obcecado y de aspecto horrible, es elevado al trono del amor, su moribundo conquistador, su substituto, el que te salva de la salvación. ¡Cuán bella hacen aparecer a la muerte las leyes del miedo! ¡Dale gracias al héroe que se sentó en el trono del amor y que salvó al Hijo de Dios para condenarlo al miedo y a la muerte!

T-23.II.16. Sin embargo, ¿cómo es posible que se pueda creer en semejantes leyes? Hay un extraño mecanismo que hace que ello sea posible. Es algo que nos resulta familiar, pues hemos visto en innumerables ocasiones cómo parece funcionar. En realidad no funciona en absoluto, mas en sueños, donde los protagonistas principales son sólo sombras, parece ser muy poderoso. Ninguna de las leyes del caos podría coaccionar a nadie a que creyese en ella, si no fuera por el énfasis que se pone en la forma y por el absoluto desprecio que se hace del contenido. Nadie que crea que una sola de estas leyes es verdad se da cuenta de lo que dicha ley estipula. Algunas de las formas que dichas leyes adoptan parecen tener sentido, pero eso es todo.

T-23.II.17. ¿Cómo es posible que algunas formas de asesinato no signifiquen muerte? ¿Puede acaso un ataque, sea cual sea la forma en que se manifieste, ser amor? ¿Qué forma de condena podría ser una bendición? ¿Quién puede incapacitar a su salvador y hallar la salvación? No dejes que la forma que adopta el ataque contra tu hermano te engañe. No puedes intentar herirlo y al mismo tiempo salvarte. ¿Quién puede estar a salvo del ataque atacándose a sí mismo? ¿Cómo iba a importar la forma en que se manifiesta esta locura? Es un juicio que se derrota a sí mismo, al condenar lo que afirma querer salvar. No te dejes engañar cuando la locura adopte una forma que a ti te parece hermosa. Lo que está empeñado en destruirte no es tu amigo.

T-23.II.18 Sostienes—y piensas que es verdad—que no crees en estas leyes insensatas ni que tus acciones están basadas en ellas. Pues cuando examinas de cerca lo que postulan, ves que no se puede creer en ellas. Hermano, crees en ellas. Pues de no ser así, ¿cómo podrías percibir la forma que adoptan, con semejante contenido? ¿Podría acaso ser sostenible cualquiera de las formas que adoptan? Sin embargo, crees en ellas debido a la forma que adoptan, y no adviertes el contenido. Éste nunca cambia. ¿Puedes acaso darle vida a un esqueleto pintando sus labios de color rosado, vistiéndolo de punta en blanco, acariciándolo y mimándolo? ¿Y puede acaso satisfacerte la ilusión de que estás vivo?

T-23.II.19 Fuera del Cielo no hay vida. La vida se encuentra allí donde Dios la creó. En cualquier otro estado que no sea el Cielo la vida no es más que una ilusión. En el mejor de los casos parece vida, en el peor, muerte. Ambos son, no obstante, juicios acerca de lo que no es la vida, idénticos en su inexactitud y falta de significado. Fuera del Cielo la vida es imposible, y lo que no se encuentra en el Cielo no se encuentra en ninguna parte. Fuera del Cielo lo único que hay es un conflicto de ilusiones, de todo punto insensato, imposible y más allá de la razón, aunque se percibe como un eterno impedimento para llegar al Cielo. Las ilusiones no son sino formas. Su contenido nunca es verdad.

T-23.II.20. Las leyes del caos gobiernan todas las ilusiones. Las formas que éstas adoptan entran en conflicto, haciendo que parezca posible concederle más valor a unas que a otras. Sin embargo, cada una de ellas se basa, al igual que todas las demás, en la creencia de que las leyes del caos son las leyes del orden. Cada una de ellas apoya dichas leyes completamente, y ofrece un testimonio inequívoco de que son verdad. Las formas de ataque que en apariencia son más benévolas no son menos inequívocas en su testimonio o en sus resultados. Es indudable que el miedo que engendran las ilusiones se debe a las creencias que las originan y no a su forma. Y la falta de fe en el amor, sea cual sea la forma en que se manifieste, da testimonio de que el caos es la realidad.

T-23.II.21. La fe en el caos es la consecuencia inevitable de la creencia en el pecado. El que sea una consecuencia es lo que hace que parezca ser una conclusión lógica, un paso válido, en el pensamiento ordenado. Los pasos que conducen al caos proceden de manera ordenada desde su punto de partida. Cada uno de ellos se manifiesta en forma diferente en el proceso de invertir la verdad, y conduce aún más profundamente al terror y más allá de la verdad. No pienses que un paso es más corto que otro ni que el retorno desde uno de ellos es más fácil que desde otro. En cada uno de ellos reside el descenso desde el Cielo en su totalidad. Y allí donde tu pensamiento empieza, allí mismo tiene que terminar.

T-23.II.22. Hermano, no des ni un solo paso en el descenso hacia el infierno. Pues una vez que hayas dado el primero, no podrás reconocer el resto como lo que son. Y cada uno de ellos seguirá al primero. Cualquier forma de ataque te planta en la tortuosa escalera que te aleja del Cielo. Sin embargo, en cualquier instante todo esto se puede deshacer. ¿Cómo puedes saber si has elegido las escaleras que llevan al Cielo o el camino que conduce al infierno? Muy fácilmente. ¿Cómo te sientes? ¿Estás en paz? ¿Tienes certeza con respecto a tu camino? ¿Estás seguro de que el Cielo se puede alcanzar? Si la respuesta es no, es que caminas solo. Pídele entonces a tu Amigo que se una a ti y te dé certeza con respecto al camino a seguir.

MENTE

MENTE (072)

conocimiento: el agente activado del espíritu, del cual es equivalente aproximado, y al cual le proporciona su energía creadora. 
percepción: el agente de selección; somos libres de creer que nuestras mentes pueden apartarse o separarse de la Mente de Dios (mentalidad errada), o que pueden regresar a ella (mentalidad correcta); así pues, se puede entender que la mente dividida tiene tres partes: la mente errada, la mente correcta, y la parte de la mente (tomador de decisiones) que escoge entre ellas; no debe confundirse con el cerebro, el cual es un órgano físico y por consiguiente un aspecto de nuestro ser corporal.

adentro T-12.VII.8-10; T-13.V.11; T-13.IX.7-8; T-13.X.1-12
T-21.IV; T-22.in.3; L-pII.309
ataque T-13.III.1-7; L-pI.68.5; L-pI.136.19-20; M-17.9; S-1.IV.1
búsqueda (escudriñamiento mental) L-pI.5-3-7; L-pI.6.2; L-pI.8.2-6; L-pI.10.4-5
L-pI.16.3-6; L-pI.19.3; L-pI.21.2-4; L-pI.23.4-7; L-pI.24.2-4; L-pI.35.4-9;
L-pI.38.4; L-pI.94.3-4
cordura - campo de batalla T-9.VII.6; T-13.III.12; T-13.VII.7; T-23.III.6; T-23.IV.4-9
cuerpo T-20.II.1,4-5
culpa T-13.I.3; T-13.II.4-5
T-15.VII.2-5; T-18.IX.4-9
curación P-2.VI.1-2
decisión T-10.II.6; T-30.I.11-12; T-31.II.2; T-31.VII.6-7, 11-15
dolor L-pII.235.1; L-pII.347.1
ego T-7.X.1; T-8.III.6; T-10.III.5; T-11.in.2-4; T-11.V.1-5; T-12.V.8;
T-14.II.5; T-15.IX.2; T-17.VII.5; T-18.VIII.8; T-19.IV-D.6-7; T-22.II.9-10;
T-22.VI.10; T-23.II.1,14-15,18; L-pI.133.8-10; L-pI.152.10; L-pII.254.2
Espíritu Santo T-2.V.7; T-5.III.11; T-5.IV.1; T-12.II.9-10; T-14.15; T-14.VII.6-7
T-16.III.1; T-19.IV-C.11; T-25.VII.8; L-pI.49; L-pI.138.8.-10; L-pI.151.13-15
fortaleza-debilidad L-pI.47.4-6; L-pI.92.3-11
ídolos T-29.VII.4-6; T-30.IV.4-8; T-30.V.10
ilusiones T-16.V.14,16; T-20.II.7; L-pII.344.1
Jesús T-4.III.7-8; T-11.in 4; T-11.V.1; T-31.VIII.11
juicio T-6.V-C.2
miedo T-11.VIII.13-14; T-12.1.10; T-14.VII.1-2; T-19.IV-D.8-11; L-pI.170.3-12
L-pI.187.7-10; L-pI.196.3-12
milagro T-28.II.7; T-29.II.2; L-pII.13.1-4; C-2.4-8
mundo T-13.in.2; T-13.V.6; T-17.II.5; T-18.I.5; T-27.VII.2-11; L-pI.198.7; C-4.4-6
mundo real T-12.VIII.5-8
pecado T-22.V.5-6; T-31.V.5-6
pensamientos T-2.VI.2; T-4.IV.2-8; L-pI.31.3; L-pI.32.2-3; L-pI.34.1-3; L-pI.39.6-8
L-pI.41.5-10; L-pI.42.4-8; L-pI.43.5-6; L-pI.44.4-11; L-pI.45; L-pI.65.3-8; 
L-pI.100.7-9; L-pI.131.11
perdón T-25.VI.1; L-pI.46.3-5; L-pI.134.6-12; L-pI.192.4; L-pII.1.1-4; L-pII.333; 
L-pII.352; P-2.VI.6-7 
perdón-para-destruir S-2.I.9
pesadillas T-12.II.4-5
razón T-21.VII.5-13; T-22.II.4-5; T-22.III.1-7; T-22.VI.5
relaciónes especiales T-16.IV.1,6-7; T-16.V.1,10; T-16.VI.3; T-17.IV.6-9,12-15; T-24.I.7
sacrficio T-15.X.5-9
separación T-28.V.7
sueños T-27.VIII.3-9; L-pI.185.5-8; M-12.6
tiempo L.pI.158.4; L.pI.164
visión T-20.VIII.5-11; T-21.in; T-24.V.1-7

DIVISIÓN

DIVISIÓN (030) – sin explícitamente aparecer como tales, el Curso describe cuatro niveles de divisiones, las cuales se reflejan en el mundo a través de nuestras relaciones especiales:
1. El pensamiento original de separación cuando creímos habernos separado de Dios, lo cual nos lleva a la creencia en dos mentes: La Mente de Cristo y la mente dividida.
2. La siguiente división de la mente dividida en mentes errada y correcta:los hogares del ego y del Espíritu Santo.
3. La separación de la mente errada y de la mente correcta por medio de la creencia en el sistema de pensamiento del ego de pecado, culpa, miedo; el Amor del Espíritu Santo ahora a sido sepultado bajo el especialismo del ego, y a Dios se le teme en vez de aceptársele.
4. La división ontológica final en la que se niega la culpa en nuestras mentes y se proyecta hacia fuera, se fabrica un mundo separado de ataque y de muerte, un mundo que parece estar separado de la mente que lo pensó.

Ver: disociación

abstracto-concreto  T-4.VII.1; L-pI.161.2
amor  T-12.IV.1-3; T-12.V.1-4,7; T-25.VIII.8
ataque-culpa T-7.VIII.4; T-13.in.1; T-13.II.1-3; L-pI.170.3-4; L-pI.196.5-6,9-11; M-13.7
conducta T-2.VI.5; T-12.I.2
creaciones T-10.I.1
cuerpo T-8.VII.9-10
Dios/Cielo
ego
ego-Espíritu Santo
enfermedad
Espíritu Santo
miedo
mundo
pecado
percepción
proyección
relaciones especiales-santas
separación
Ser
unidad (unicidad)/plenitud 

MIRAR AL EGO

La esencia del perdón; mirar nuestro sistema de pensamiento egoísta con la bondad sin enjuiciamiento y la paciencia del Espíritu Santo o Jesús; puesto que la culpa es lo que nos impide mirar nuestro especialismo, apoyando asi al ego y ocultando su verdadera naturaleza, el mirar nuestros pensamientos de ataque sin juzgar, es lo que deshace al ego: asi pues, mirar al ego sinque sintamos culpa y miedo es la esencia de la Expiación.

ver: traer la obscuridad (ilusiones) a la luz (verdad)

adentro T-12.VII.8-10; T-13.V.11; T-13.IX.7-8; T-13.X.1-12
T-21.IV; T-22.in.3; L-pII.309

ataque T-13.III.1-7; L-pI.68.5; L-pI.136.19-20; M-17.9; S-1.IV.1
búsqueda (escudriñamiento mental) L-pI.5-3-7; L-pI.6.2; L-pI.8.2-6; L-pI.10.4-5
L-pI.16.3-6; L-pI.19.3; L-pI.21.2-4; L-pI.23.4-7; L-pI.24.2-4; L-pI.35.4-9;
L-pI.38.4; L-pI.94.3-4
cordura - campo de batalla T-9.VII.6; T-13.III.12; T-13.VII.7; T-23.III.6; T-23.IV.4-9
cuerpo T-20.II.1,4-5
culpa T-13.I.3; T-13.II.4-5; T-15.VII.2-5; T-18.IX.4-9
curación P-2.VI.1-2
decisión T-10.II.6; T-30.I.11-12; T-31.II.2; T-31.VII.6-7, 11-15
dolor L-pII.235.1; L-pII.347.1
ego T-7.X.1; T-8.III.6; T-10.III.5; T-11.in.2-4; T-11.V.1-5; T-12.V.8;
T-14.II.5; T-15.IX.2; T-17.VII.5; T-18.VIII.8; T-19.IV-D.6-7; T-22.II.9-10;
T-22.VI.10; T-23.II.1,14-15,18; L-pI.133.8-10; L-pI.152.10; L-pII.254.2
Espíritu Santo
T-2.V.7; T-5.III.11; T-5.IV.1; T-12.II.9-10; T-14.15; T-14.VII.6-7
T-16.III.1; T-19.IV-C.11; T-25.VII.8; L-pI.49; L-pI.138.8.-10; L-pI.151.13-15
fortaleza-debilidad L-pI.47.4-6; L-pI.92.3-11
ídolos T-29.VII.4-6; T-30.IV.4-8; T-30.V.10
ilusiones T-16.V.14,16; T-20.II.7; L-pII.344.1
Jesús T-4.III.7-8; T-11.in 4; T-11.V.1; T-31.VIII.11
juicio T-6.V-C.2
miedo T-11.VIII.13-14; T-12.1.10; T-14.VII.1-2; T-19.IV-D.8-11; L-pI.170.3-12
L-pI.187.7-10; L-pI.196.3-12
milagro T-28.II.7; T-29.II.2; L-pII.13.1-4; C-2.4-8
mundo T-13.in.2; T-13.V.6; T-17.II.5; T-18.I.5; T-27.VII.2-11; L-pI.198.7; C-4.4-6
mundo real T-12.VIII.5-8
pecado T-22.V.5-6; T-31.V.5-6
pensamientos T-2.VI.2; T-4.IV.2-8; L-pI.31.3; L-pI.32.2-3; L-pI.34.1-3; L-pI.39.6-8
L-pI.41.5-10; L-pI.42.4-8; L-pI.43.5-6; L-pI.44.4-11; L-pI.45; L-pI.65.3-8;
L-pI.100.7-9; L-pI.131.11
perdón T-25.VI.1; L-pI.46.3-5; L-pI.134.6-12; L-pI.192.4; L-pII.1.1-4; L-pII.333;
L-pII.352; P-2.VI.6-7
perdón-para-destruir S-2.I.9
pesadillas T-12.II.4-5
razón T-21.VII.5-13; T-22.II.4-5; T-22.III.1-7; T-22.VI.5
relaciónes especiales T-16.IV.1,6-7; T-16.V.1,10; T-16.VI.3; T-17.IV.6-9,12-15; T-24.I.7
sacrficio T-15.X.5-9
separación T-28.V.7
sueños T-27.VIII.3-9; L-pI.185.5-8; M-12.6
tiempo L.pI.158.4; L.pI.164
visión T-20.VIII.5-11; T-21.in; T-24.V.1-7